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Maruja Mallo. Máscara y compás en el MNCARS
Redacción Homines.com
13/11/2025


La exposición, comisariada por Patricia Molins, miembro del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, coproducida por la Fundación Botín con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, presenta más de noventa pinturas, setenta dibujos, además de un centenar de fotografías y documentos de la artista, algunos inéditos, muchos de ellos adquiridos recientemente por el Museo Reina Sofía como parte del legado del Archivo Lafuente, que trazan toda la carrera de la artista Maruja Mallo (Viveiro, Galicia, 1902 - Madrid, 1995). Desde el realismo mágico de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas y fantásticas de sus últimas obras. Una exhaustiva retrospectiva de la que fuera una de las figuras más destacadas y singulares de la Generación del 27, el importante grupo de artistas y escritores establecido en Madrid y del que formaron parte Rafael Alberti, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, la escritora Rosa Chacel y la filósofa María Zambrano.

 
Maruja Mallo. Autorretrato con manto de algas, 1945. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

La personal y heterogénea producción artística de Maruja Mallo difuminó los límites entre lo popular y lo vanguardista, entre estética y política. Fue una artista visionaria, que logró reflejar las preocupaciones de su época y anticiparse a muchas de las nuestras. La universalidad de las aspiraciones humanas, más allá de diferencias económicas, raciales o de género; la consideración del mundo como un sistema ecológico interrelacionado que debe ser preservado; y el poder del arte para revelar aspectos desconocidos de la realidad, son ejes fundamentales de su obra.

El recorrido expositivo se presenta de forma cronológica a lo largo de once salas de la Planta 1 del Edificio Sabatini. Comienza con su paso por la Academia de San Fernando, donde Mallo estudia con profesores como Chicharro o Romero de Torres, cuya huella postimpresionista está presente en sus primeras pinturas. La publicación, en 1925, del libro ‘Realismo mágico’, de Franz Roh, marca a su generación al reintroducir el nuevo realismo (antinarrativo y de inspiración popular) como reacción frente al cubismo y la abstracción. Dos pinturas iniciales de la artista: ‘Indígena’ (1024-1925) y ‘Retrato de señora con abanico’ (hacia 1926), del Museo Provincial de Lugo, anuncian dos temas clave en su trayectoria: el interés por otras culturas y el retrato de la mujer moderna.

La muestra continúa con la serie ‘Las verbenas’ (1927-1928), las primeras obras personales de Mallo que participan del debate -fundamental para la Generación del 27- sobre la relación entre vanguardia, arte popular, regeneración social y tradición. La composición, que parte de una división geométrica y simbólica del cuadro, se inspira en la relación entre figura y decorado del teatro popular, como el guiñol, y en el concepto cinematográfico de simultaneidad y superposición. En ellas se observan personas de clases y razas muy distintas retratadas burlonamente: mujeres disfrazadas de ángeles negros, reyes y magistrados de cartón piedra, teatrillos de toros y manolas, e intelectuales montados sobre cerdos que tiran de un tiovivo que les traslada a mundos alternos, como las pirámides del desierto o China. Hay que destacar que es la primera vez que se reúnen las cinco escenas de verbenas desde que se expusieron en la revista de Occidente, en 1928, de las que destacan ‘El Mago/Pim Pam Pum’ (1926), del Art Institute of Chicago, y ‘Kermesse’ (1928), del MNAM Centre Georges Pompidou en París. Enfrentada a ellas, se expone la serie ‘Cloacas y campanarios’ (1930-32) que, si las verbenas recogían la humanidad vital, en estas la figura humana solo aparece como huella o residuo, estando el foco de atención en la materia y sus diferentes texturas. Con pinturas como ‘Tierra y excrementos’ (1932), del MNCARS, o ‘El espantapájaros’ (1930), de una colección particular. Junto a estas, el visitante descubrirá sus ‘Arquitecturas minerales y vegetales’ (1933), donde Mallo reduce a líneas o secciones anatómicas las figuras, al tiempo que concentra su atención en el tratamiento generoso de la materia pictórica, que aplica con texturas muy marcadas en un intento de romper la dicotomía entre figura y fondo, y dar protagonismo a ambos.

Maruja Mallo. La verbena, 1927. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía  Verbena de la Pascua, 1927. Colección particular, Buenos Aires

  Maruja Mallo. ‘El Mago/Pim Pam Pum’ (1926), del Art Institute of Chicago  Maruja Mallo. Espantapájaros, 1930. Jake & Hélène Marie Shafran

Por su parte, en las ‘Arquitecturas rurales’ (1933-1935) dibuja esqueletos o carcasas de silos, almiares y otras construcciones efímeras utilizadas para la cosecha de cereales, siendo de nuevo el resultado de un intento conciliatorio y paradójico: una tensión entre lo animado y lo inanimado -entre el rostro y la máscara-, que es uno de los rasgos más inquietantes y fascinantes de su obra. La materia es aún protagonista, pero sometida a la geometría, un proceso que culmina en las cerámicas, en las que la tierra cobra un valor constructivo y no destructivo, como en las obras reunidas en la serie ‘Cloacas y campanarios’. Es en 1932, en París, donde la artista estudió escenografía y teatro. Allí conoció a Picasso y a Miró, y comienza a interesarse por el espacio como soporte tridimensional de la obra en lugar del plano pictórico. Su colaboración teatral más importante, la escenografía de ‘Clavileño’ (1936), fue un ballet de Rodolfo Halffter que no llegó a presentarse en la Residencia de Estudiantes por el inicio de la Guerra Civil. Las fotografías de las maquetas del escenario y los figurines, que se presentan en la sala expositiva sobre la bahía, permiten entender la radicalidad de su propuesta. Están acompañados de una réplica del teatrillo, con figuras de cestería realizadas para esta exposición. Mallo concibe sus fotografías como actos también teatrales, no solo las evidentemente performativas, como la serie de fotos con cráneos en la sierra madrileña, sino también aquellas en las que se representa con sus obras y otros elementos simbólicos: el compás, las mariposas (símbolo de la metamorfosis), mapas, y a ella misma identificada con su obra.

La exposición también dedica un espacio a ‘La religión del trabajo’ (1937-1939), apreciándose imágenes arcaicas de diosas o damas oferentes, con el rostro rodeado por espigas o redes, como también se observa en la obra ‘Canto de las espigas’ (1939), del MNCARS, o en ‘La red’ (1928), de una colección particular. Con ellas inicia lo que considera “un renacimiento”, un nuevo clasicismo, entendiendo el arte como salvación frente al tiempo y la destrucción bélica. Como la propia Mallo expresó, la serie surge de su “fe materialista en el triunfo de los peces, en el reinado de la espiga”. Es, en este momento, cuando Mallo comienza a utilizar una fuente de luz baja que incide lateralmente en las figuras. Se trata de una luz propia del inicio y final del día, ese momento híbrido de la aurora o el crepúsculo.

 Maruja Mallo. Maruja Mallo. Basuras, 1930. Fundación María José Jove  Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía 

 Maruja Mallo. Espantapájaros, 1930. Jake & Hélène Marie Shafran  Naturaleza viva XIV, 1943. Colección Navarro-Valero 

En los años cuarenta desarrolló ‘Las Naturalezas vivas’ (1941-1943), que muestran una sugerencia clara de figuras femeninas, sensuales y coloristas, a través de composiciones con conchas y flores que representan el reino animal y el vegetal, como metáfora del cuerpo humano, y que parecen flotar sobre superficies terrestres y marinas lejanas. A partir de este momento, una de sus principales preocupaciones es la de incorporar en sus cuadros la cuarta dimensión siguiendo los hallazgos de la física contemporánea, que sustituye la concepción estática del espacio por una dinámica del espacio/tiempo. En pinturas como ‘Naturaleza viva II’ (1941-1942), del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo (Uruguay), o ‘Naturaleza viva XII’ (1943), de la Fundación María José Jove, los elementos marinos atravesados por vegetales cobran un aspecto sexualizado y orgánico que recuerdan el origen común de la vida y el universo.

Esta exposición también pone el foco en las obras producidas durante su exilio en Buenos Aires y sus viajes, a partir de 1937, por el Pacífico, Uruguay y, sobre todo, Brasil, donde Mallo conoce paisajes y poblaciones que le fascinan por su variedad física y su sincretismo cultural y racial. A partir de este momento, se propone crear un método sistemático de representación de una nueva humanidad, proponiendo ese concepto sincrético también como respuesta al racismo y al nacionalismo de los años treinta. En su búsqueda por incorporar espacios y tiempos circulares, presentes y eternos a la vez, representa cabezas, máscaras y acróbatas como formas simbólicas e idealizadas, partiendo de su creencia en el arte como visión perfeccionada de lo real, con una mirada hacia el futuro. Realiza primero unas cabezas estáticas en las que ensaya la fusión entre razas, entre razas y animales, y entre sexos, como por ejemplo ‘La cierva humana’ (1948), del Museo Benito Quinquela Martín de Buenos Aires, y ‘Oro’ (1952), de la Asociación Colección Arte Contemporáneo - Museo Patio Herreriano. Sus Máscaras, un contraste de emociones positivas y negativas, llevan la huella de los estudios sobre Freud que ella inicia en estos años. Muchas de ellas emparejan figuras intimidantes con otras que parecen perplejas, inhibidas, que pueden también estar en relación con su condición de exiliada, viviendo en dos mundos: el actual y el que ha abandonado.

 Máscaras. Naranja y limón, c. 1953. Colección particular,  Almotrón. Geonauta, c. 1968-1970. Colección particular, Santiago de Compostela. Fotografía: Lucas Gutiérrez

En 1965 regresa a España, un viaje que llevaba planeando desde finales de los años cuarenta, y realiza sus últimas series: ‘Moradores del vacío’ y ‘Viajeros del éter’. Mallo consideraba que sus viajes reales o imaginarios, cruzando los Andes y atravesando el Pacífico, habían sido experiencias levitatorias, de contacto con otras dimensiones supra humanas. Su interés por la ciencia, sumado a su interés por el universo (decía que al llegar a América había pasado de la geografía a la cosmografía), le llevan a culminar sus cambios de localización para crear espacios siderales infinitos; el círculo deja paso a geometrías serpenteantes, más complejas, como se puede observar en varias de las pinturas pertenecientes al MNCARS. Las figuras se convierten en seres transformados por procesos simbióticos o metamórficos que concilian el proceso evolutivo completo, de la célula a los animales y a las máquinas espaciales.

El recorrido expositivo finaliza con las obras que creó durante sus últimos años, cuando continúa con esas series y recupera motivos de sus diferentes épocas, que combina en dibujos o pinturas con un color marcadamente simbólico (gamas de azules, rojos y amarillos). Al mismo tiempo, Mallo se ha convertido en un personaje popular y en un importante representante de la Generación del 27, que justo ahora está volviendo del exilio. Recupera las viñetas que había realizado para las portadas de la Revista de Occidente -la más importante publicación intelectual anterior a la Guerra Civil- y realiza una serie de grabados (1979) que se muestran junto a esas portadas, además de testimonios fotográficos y audiovisuales de esa etapa.


Maruja Mallo. Máscara y compás

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Calle Santa Isabel, 52. Edificio Sabatini, planta 1, Madrid, España
Desde el 7 de octubre de 2025 hasta el 16 de marzo de 2026

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